1 oct. 2009

MARCO HISTORICO

Al encuentro con nuestras raíces
Desde sus raíces ancestrales, nuestros abuelos plantaban junco, chagual, pacte molle, aliso, yalan (sauco), putaja cerca a los puquiales, en las orillas de los ríos, al borde de las acequias y de los caminos.
Asimismo procedían con la taraca, quinnuales y quiswares; en las quebradas y faldas de los cerros de Huancas, en faenas o trabajos comunales, entre retos y guapidos, al son de la tinya y del pincullo. Por eso, no les faltaban leña para las bicharras que abrigaban en épocas de invierno y árboles para las fiestas de cada uno de los cuarteles.


De igual manera, al momento de cazar los animales o sacar las plantas de las lomas, lo primero que tenían que hacer, era pedir permiso al Tayta Wamani con mucha reverencia y como agradecimiento dejaban en un agujero granos de quinua, pasas, maní, las mejores frutas, la chicha fresca, el cigarro inca y la mejor coca.

Costumbre que se fue perdiendo al paso del tiempo, con la migración de los jóvenes de la comunidad a la gran Lima de los sueños y su posterior retorno con otras formas de vida; sumándose a esta realidad la llegada de la cocina de kerosene y la muerte paulatina de la memoria de los ancianos.


Henoch Loayza Espejo
Director de la Casa del Caminante, Yauyos-Jauja

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